ARTÍCULOS
La sinergia esencial
entre Óptico-optometristas y Oftalmólogos
en el Manejo de las cataratas
INTRODUCCIÓN
Cuando un óptico-optometrista asume un papel protagonista en el cuidado de las cataratas, se establece una colaboración verdaderamente cercana y una comunicación fluida con el oftalmólogo, y de manera muy especial, con el cirujano de polo anterior. Esta gestión compartida es la piedra angular para mejorar la atención que recibe el paciente, asegurar que la decisión de operar llegue en el momento apropiado y que el camino de la recuperación tras la cirugía sea lo más eficaz posible.
MOMENTOS CLAVES DE ESTE DIÁLOGO
1. Al direccionar al paciente para una valoración quirúrgica:
El óptico-optometrista se convierte en un filtro crucial, identificando a aquellos pacientes que necesitan valoración quirúrgica. Su criterio no se basa únicamente en un valor de agudeza visual, sino en cómo la catarata está mermando la calidad de vida del paciente en su día a día. Para ello, es vital que el óptico-optometrista prepare un informe de derivación minucioso para que el cirujano tenga toda la información necesaria.
Dicho informe debería incluir:
- Los datos personales del paciente y cualquier detalle médico de peso (como si padece diabetes, hipertensión, qué medicación toma, etc.). Los medicamentos más importantes que debemos tener en cuenta son:
- Los anticoagulantes, los antiagregantes plaquetarios, los antiinflamatorios no esteroideos (AINEs), la medicación para la diabetes (DM).
- Los bloqueadores alfa-1 (medicamentos para la próstata), que pueden afectar a nivel ocular y dificultar la cirugía de cataratas.
- La agudeza visual actual con su corrección óptica más reciente.
- La sensibilidad al contraste (calidad visual).
- Visualización con la lámpara de hendidura, describiendo con precisión el tipo y la “madurez” de la catarata (idealmente, usando escalas reconocidas internacionalmente como LOCS III) y cualquier otra peculiaridad en la parte anterior del ojo que pudiera añadir un grado de complejidad a la cirugía (pseudoexfoliación , sinequias o un ángulo ocular más estrecho de lo normal).
- Una exploración de cómo se encuentra la parte posterior del ojo (retina y nervio óptico), hasta donde la opacidad de la catarata lo permita. Si no se puede ver bien, hay que indicarlo, y si se han hecho pruebas como una retinografía y/o OCT macular, adjuntar las imágenes.
- El verdadero impacto de la catarata en la vida cotidiana: ¿le deslumbra la luz?, ¿le cuesta conducir por la noche? Esos detalles son cruciales en el informe de derivación.
- La actitud del paciente: ¿está motivado?, ¿tiene alguna preferencia o alguna duda sobre los tipos de lentes intraoculares que se le pueden implantar?
- Y, finalmente, una recomendación clara y directa si, tras todo lo observado, el óptico-optometrista considera que el paciente debe ser derivado.
Un informe tan completo es un ahorro importante de tiempo para el oftalmólogo, ya que le permite confirmar datos, explorar al paciente, conversar sobre las opciones de cirugía y de lentes intraoculares, y organizar su lista de espera dando prioridad a quien más lo necesite funcionalmente.
2. Durante la evaluación previa a la cirugía y la planificación:
El óptico-optometrista puede ser quien realice o interprete un abanico de pruebas diagnósticas complementarias que son esenciales antes de la cirugía Hablamos de la biometría (cálculo de la lente intraocular), la topografía o tomografía de la córnea, un análisis de la superficie del ojo, la microscopía especular y la OCT macular. Pero no basta con hacer las pruebas; hay que saber leer entre líneas esos resultados e integrarlos en un “perfil preoperatorio” que se enviará al cirujano.
Imagina, por ejemplo, detectar que el paciente tiene un astigmatismo corneal importante que podría corregirse con una lente tórica, o si hay riesgo de que la córnea se inflame tras la cirugía por tener pocas células endoteliales (distrofia de Fuchs), o si hay alguna otra enfermedad en la mácula que pueda limitar la visión final o influir en qué lente es mejor elegir. Es fundamental también poner en sobre aviso al cirujano si se trata de casos especiales, como pacientes que ya han pasado por una cirugía refractiva (LASIK, queratotomía radial), porque estos necesitan cálculos diferentes para el cálculo de la lente intraocular.
En la elección de la lente intraocular (LIO), el óptico-optometrista tiene la oportunidad de charlar tranquilamente con el paciente sobre su ritmo de vida, sus objetivos visuales y, con esa información, hacer una preselección de los tipos de LIO (monofocal, multifocal, de foco extendido, tórica, etc…) que podrían encajar o cuáles descartar. Esta es una información valiosísima que se traslada al oftalmólogo para que la decisión final sea un trabajo en equipo. Además, no hay que olvidar comunicar cualquier antecedente médico relevante –como el uso de bloqueadores alfa-1 adrenérgicos que pueden complicar la cirugía, o si toma anticoagulantes– porque es vital para planificar y para que todo salga bien .
3. En el camino de la recuperación, el seguimiento postoperatorio:
Una vez que el cirujano ha dado el visto bueno, en las primeras horas tras la operación (normalmente al día siguiente), el óptico-optometrista clínico suele participar riendas de una parte importante del seguimiento. En las visitas de control (a la semana, al mes…), el óptico-optometrista vigila el estado del segmento anterior del ojo, si la lente intraocular está en su sitio y controla la presión intraocular para asegurarse que todo está bien.
Es absolutamente crucial que el óptico-optometrista sepa reconocer las señales de alarma y que obligan a derivar de inmediato al oftalmólogo: un dolor que no se calma, una bajada repentina de visión, secreción o inflamación (que podría ser la temida endoftalmitis), o una subida de presión intraocular que no cede.
En la visita del mes, cuando la graduación ya suele estar más asentada, el óptico-optometrista no solo realiza la refracción final y receta las gafas si hacen falta, sino que también mira a través de la lámpara de hendidura la cápsula posterior del cristalino (para ver si se está volviendo opacificando),descarta con una OCT si hay edema macular (sobre todo si el paciente es diabético o ha tenido uveítis) y vuelve a comprobar la presión intraocular (por si los corticoides la han afectado). Si detecta que la cápsula posterior se ha opacificado y está afectando a la visión (lo que se conoce como Opacificación Capsular Posterior), lo derivará al oftalmólogo para que le realice una capsulotomía con láser YAG
Si surgen problemas con la lente implantada ( una sorpresa refractiva, una lente tórica que se ha girado, un descentramiento, fotopsias o halos (disfotopsias) que no desaparecen) el óptico-optometrista documenta (evaluando el astigmatismo, cuánto se ha girado la lente, etc.) y se lo comunica al cirujano para ver qué se puede hacer: corregirlo con gafas o lentes de contacto, volver a colocar la lente en su sitio con otra cirugía o lo que el oftalmólogo considere oportuno.
Y a la larga, el óptico-optometrista sigue alerta por si aparecen complicaciones tardías como la OCP, una presión intraocular crónicamente elevada, un desprendimiento de retina o que la lente se mueva de su sitio con el tiempo (algo que puede pasar en casos de pseudoexfoliación). Si hay la más mínima sospecha, se deriva rápidamente al especialista (retinólogo o cirujano).
4. Cuando las cataratas conviven con otras enfermedades oculares:
Si el paciente, además de cataratas, padece otras enfermedades oculares (glaucoma, degeneración macular asociada a la edad (DMAE),retinoptía diabética, uveítis), el óptico-optometrista debe discernir que la pérdida visual se debe a cada una de esas patologías y transmitir esta valoración al cirujano. Es fundamental que el oftalmólogo sepa que estas otras enfermedades están ahí porque esto puede cambiar los planes: quizás haya que operar antes un ángulo estrecho, o esperar si la DMAE está muy activa, o tratar primero una retinopatía diabética.
También puede influir en qué lente se elige (una monofocal suele ser más adecuada si hay problemas serios de retina o un glaucoma avanzado) o en cómo se maneja el postoperatorio (vigilando muy de cerca la presión intraocular en pacientes con glaucoma, pseudoexfoliación, el edema macular si son diabéticos, han tenido uveítis o tienen DMAE).
En definitiva, una comunicación que fluya y bien organizada entre el óptico-optometrista y el oftalmólogo cirujano, apoyada por informes y una interpretación de las pruebas, es uno de los grandes pilares en este modelo de cuidado compartido de las cataratas. Gracias a ella, se afina mucho más la indicación de operar, la planificación se hace con más información, se descubren a tiempo las complicaciones y se manejan mejor y, al final del camino, se consiguen resultados visuales satisfactorios y pacientes mucho más satisfechos.
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