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DMAE: Factores de Riesgo, Prevención y el Papel Clave del Optometrista en su Detección y comanejo

INTRODUCCIÓN Y RELEVANCIA DE LA DMAE EN LA PRÁCTICA OPTOMÉTRICA

La Degeneración Macular Asociada a la Edad (DMAE) afecta a la mácula: la visión central, esa que usamos para leer un libro, reconocer una cara o disfrutar de un paisaje. Para muchos, los primeros indicios son sutiles: las letras se emborronan o los contornos se vuelven difusos. Pero conforme avanza, la DMAE puede afectar a la independencia personal, transformando actividades cotidianas en desafíos.  

Con herramientas como la tomografía de coherencia óptica (OCT), la retinografía o la rejilla de Amsler, los profesionales de la visión pueden captar los primeros signos de la DMAE antes de que el paciente note algo extraño. Este artículo versa sobre los factores de riesgo, las estrategias para su manejo y el rol del optometrista en su detección, derivación  al oftalmólogo, para su tratamiento y co-manejo con soluciones ópticas, servicios de baja visión y rehabilitación visual, todo respaldado por la evidencia científica más reciente.

FACTORES DE RIESGO

La DMAE es una enfermedad compleja y multifactorial; es el resultado de la interacción de factores ambientales y genéticos. Comprender estos factores es el primer paso para actuar con ventaja.  

1.El peso de los genes

La herencia juega un papel determinante. Variantes en genes como el CFH (Factor H del Complemento) y el  ARMS2/HTRA1 aumentan la predisposición a padecer DMAE al producir  inflamación y disregulación en el metabolismo de la retina. Si un progenitor, una hermana, un familiar cercano  padece esta enfermedad, las probabilidades de sufrirla, aumentan (Fritsche et al., 2016). 

2. Inflamación fuera de control

El sistema del complemento, un guardián del sistema inmunológico, puede volverse un enemigo cuando se desregula. En la DMAE, este disbalance ataca las células del epitelio pigmentario de la retina, favoreciendo la formación de drusas y el deterioro progresivo del Epitelio pigmentario de la retina, los fotorreceptores y la Membrana de Brunch de la coriocapilar. (Hageman et al., 2005).  

3.Estrés oxidativo: un enemigo invisible

La retina, con su altísima actividad metabólica, es un imán para los radicales libres. Con el tiempo, este daño oxidativo afecta a los fotorreceptores y al  epitelio pigmentario de la retina, acelerando la enfermedad. Las mitocondrias, orgánulos que participan en la generación de energía celulart (ATP), también sufren, agravando la enfermedad (Kaarniranta et al., 2017).  

 4. Hábitos que marcan la diferencia  

Tabaquismo: Es el principal factor de riesgo modificable.  Fumar no solo daña los pulmones; triplica el riesgo de DMAE al afectar a la circulación retiniana e  incrementar  el estrés oxidativo (Thornton et al., 2005).  

Dieta: Lo que comemos importa. Una dieta cargada de antioxidantes, luteína, zeaxantina y omega-3 actúa como un escudo protector para la retina (Chew et al., 2014).  

Salud cardiovascular: La hipertensión arterial y el colesterol elevado afectan a  los vasos retinianos, acelerando el avance de la DMAE. Mantener el corazón en forma es también una manera de  cuidar los ojos.

DMAE: ESTRATEGIAS DE PREVENCIÓN

Con acciones basadas en evidencia científica, podemos ralentizar su progresión.  

1.Alimentación preventiva y suplementos

Los estudios AREDS y AREDS2 han marcado un antes y un después en el manejo de la DMAE. Sus hallazgos muestran que suplementos con luteína, zeaxantina, vitaminas C y E, zinc y cobre pueden reducir el riesgo de progresión en personas con DMAE intermedia (Chew et al., 2014). Más allá de esta suplementación, la dieta mediterránea, rica en verduras de hoja verde, el pescado azu,l y los frutos secos constituyen una apuesta segura.  

2.Cambiar el rumbo: hábitos modificables

Abandonar el hábito tabáquico, sin duda, es la mejor decisión para proteger la retina. Controlar la presión arterial y  la glucosa en sangre también juegan un papel crucial, ya que las enfermedades cardiovasculares y la diabetes mellitus pueden agravar la DMAE. 

3. Camina por tus ojos

Caminar a paso ligero, nadar o practicar yoga tres a cinco veces por semana no solo tonifica el cuerpo; también mejora el flujo sanguíneo a la retina, ayudando a mantenerla saludable (Munch et al., 2017).

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EL OPTOMETRISTA: PROFESIONAL DE LA SALUD VISUAL PRIMARIA

Los optometristas no solo evalúan la función visual ; son  profesiones de atención primaria que pueden cambiar el curso de la DMAE mediante la detección y la derivación temprana. 

1. Hallazgos clínicos

La detección precoz es la herramienta del optometrista. Con un historial clínico, donde se indagan antecedentes familiares,hábitos, y pruebas como la oftalmoscopía directa, la retinografía o la OCT, es posible identificar drusas o cambios retinianos antes de que el paciente note problemas en su visión. La rejilla de Amsler, por su simplicidad, es una herramienta estrella para detectar distorsiones visuales tempranas (Schmitz-Valckenberg et al., 2016). 

2. Educar para empoderar

El optometrista no solo evalúa la función visual; también guía. Explicar al paciente cómo una dieta rica en antioxidantes, el abandono del tabaco y el uso regular de la rejilla de Amsler pueden proteger su visión. Igual de importante es enseñarles a estar atentos a cambios súbitos en su vista y acudir de inmediato si algo no va bien.  

3. Un puente hacia el oftalmólogo

La DMAE requiere un esfuerzo en equipo. Los optometristas derivan a oftalmología cuando detectan signos de progresión avanzada, como cambios pigmentarios, atrofia geográfica, neovascularización, y colaboran en el seguimiento de tratamientos como las inyecciones anti-VEGF. También apoyan en la rehabilitación visual, ayudando a pacientes con baja visión a recuperar autonomía (Wong et al., 2018).

UN FUTURO CON ESPERANZA

Detectar la DMAE a tiempo puede transformar la vida de un paciente, preservando su capacidad de leer, conducir o disfrutar de pequeños detalles cotidianos. Los optometristas, con su acceso a tecnologías de vanguardia y su cercanía con los pacientes, son piezas clave en esta misión.  

Mantenerse al día con los últimos avances, desde nuevos biomarcadores hasta terapias emergentes, no es solo una ventaja profesional; es un compromiso con quienes confían en nosotros para proteger su visión. La investigación sigue abriendo puertas: herramientas diagnósticas más precisas y tratamientos innovadores están en el horizonte, prometiendo un futuro donde la DMAE sea menos temida y más manejable.

REFERENCIAS

  • – Chew, E. Y., Clemons, T. E., Agrón, E., Sperduto, R. D., Sangiovanni, J. P., & Davis, M. D. (2014). Long-term effects of vitamins C and E, β-carotene, and zinc on age-related macular degeneration: AREDS report No. 35. *Ophthalmology*, 121(8), 1423-1432. doi: 10.1016/j.ophtha.2014.01.021.  
  • – Fritsche, L. G., Igl, W., Bailey, J. N., Grassmann, F., Sengupta, S., Bragg-Gresham, J. L., … & Weber, B. H. (2016). A large genome-wide association study of age-related macular degeneration highlights contributions of rare and common variants. Nature Genetic, 48(2), 134-143. doi: 10.1038/ng.3448.  
  • Hageman, G. S., Anderson, D. H., Johnson, L. V., Hancox, L. S., Taiber, A. J., Hardisty, L. I., … & Allikmets, R. (2005). A common haplotype in the complement regulatory gene factor H (HF1/CFH) predisposes individuals to age-related macular degeneration. Proceedings of the National Academy of Sciences, 102(20), 7227-7232. doi: 10.1073/pnas.0501536102.  
  • Kaarniranta, K., Tokarz, P., Koskela, A., Paterno, J., & Blasiak, J. (2017). Mitochondria in the pathophysiology of age-related macular degeneration. Oxidative Medicine and Cellular Longevity, 2017, 8325267. doi: 10.1155/2017/8325267.  
  • Munch, I. C., Linneberg, A., & Larsen, M. (2017). Precursors of age-related macular degeneration: Associations with physical activity, obesity, and serum lipids in the Inter99 Eye Study. *Investigative Ophthalmology & Visual Science, 58(1), 231-239. doi: 10.1167/iovs.16-20412.  
  • – Schmitz-Valckenberg, S., Holz, F. G., Bird, A. C., & Spaide, R. F. (2016). Fundus autofluorescence imaging: Review and perspectives. *Retina*, 36(1), 49-64. doi: 10.1097/IAE.0000000000000832.  
  •  Thornton, J., Edwards, R., Mitchell, P., Harrison, R. A., Buchan, I., & Kelly, S. P. (2005). Smoking and age-related macular degeneration: A review of association. Eye, 19(9), 935-944. doi: 10.1038/sj.eye.6701978.  
  •  Wong, W. L., Su, X., Li, X., Cheung, C. M. G., Klein, R., Cheng, C. Y., & Wong, T. Y. (2018). Global prevalence of age-related macular degeneration and disease burden projection for 2020 and 2040: A systematic review and meta-analysis. The Lancet Global Health, 6(2), e106-e116. doi: 10.1016/S2214-109X(18)30023-9.

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